JOSEMA YUSTE. ACTOR Y HUMORISTA.
--Por los tiempos que corren y la crisis que hay en España, ¿habéis notado en la gente unas ganas especiales de reír?
--Pues la verdad es que debería de ser así, pero tampoco se nota tanto. Yo entiendo que la gente necesita consumir más que nunca ocio: salir a tomar una copa, ir al teatro, reírse, disfrutar, romper con la rutina, que en este momento es difícil y dura. Entonces, se ríen porque lo necesitan, pero también porque la obra es muy divertida. Todo influye.
--Felisuco como compañero... ¿da más miedo o risa?
--Bueno, yo fui el que decidí trabajar con él, porque es una producción mía y de mis socios. Y decidimos que fuera Felisuco porque Flo dejó la compañía y pensamos quien podía hacer el papel, porque es complicado que un actor entre y en una semana se aprenda los personajes. Entonces pensamos en Félix, que como yo digo es un hombre 'polivaliente' y que se tira a la piscina en cualquier circunstancia. Y la verdad es que estoy muy contento de haberle elegido por dos razones. Una, porque cumple perfectamente su cometido como actor, y otra, porque es una excelente y brillante persona. Es un tipo sensacional: positivo, buen compañero, divertido... es fantástico. Para llevártelo de gira siempre.
--En la obra cada uno hacéis más de un papel. ¿Esto como se lleva?
--Ya, después de tres años y medio haciendo la obra, lo llevas bien. Pero el primer año recuerdo que en medio de la obra aún le decía al regidor: '¿Qué va ahora?, ¿qué me pongo?, ¿quién soy?'. Era un caos tremendo. Entre los dos nos cambiamos 27 veces de ropa, es una locura. Tienes que hacer la función muy concentrado aún hoy para no equivocarte. Aunque ahora te sale ya mecánicamente.
--Usted que es ya un veterano del humor en España, ¿cómo ves las nuevas generaciones?
--Muy bien, creo que hemos evolucionado del humor más chabacano y más burdo de la España anterior, que se reía de cosas más tópicas y si quieres más pueriles, a uno más culto. El humor evoluciona con la sociedad, y en este sentido hay programas de televisión que tienen conductores muy divertidos, guiones mordaces y que utilizan un humor, no diría hiriente, pero si que mete un poco más el dedo en la llaga. Seguramente, el humor es menos blanco y menos ñoño que antes, pero siempre habrá muchas clases de humor: inteligente, burdo, cutre, hiriente, blanco, negro... eso está por encima de las modas y de los tiempos.
--Y José Manuel Yuste, de todos estos estilos, ¿con cual se identifica?
--Creo sin falsa modestia -me puedo equivocar, naturalmente- que mi humor es sencillo, blanco, un poco inteligente también (risas) y sutil. Y absurdo, que me encanta. La palabra surrealista me encanta.
--Siguiendo con el tema del humor, es cierto el tópico de que el humor catalán es diferente al del resto del Estado?
--En todo el mundo, cada pueblo, cada comunidad, tiene su propia idiosincrasia, pero en este país especialmente. Creo que somos un país bastante bien avenido en la calle -no tanto en la política, pero eso es otra cosa-. Pienso que disfrutamos los unos de los otros. Yo disfruto cuando voy a cada autonomía de su gente, de su arquitectura, de su olor, de la comida... Por tanto, si cada pueblo tiene su idiosincrasia, también tiene un humor diferente: el andaluz se ríe mucho de si mismo, el catalán se ríe un poco más interiormente, tiene un poco más de pudor, el gallego no sabes si va o si viene pero tiene un sentido del humor muy especial.
Sin embargo, con esta obra, la gente, en la mayoría de sitios donde hemos estado, se suele reír en los mismos puntos, con los mismos chistes.
--Escuchaba antes que estas encantado en Barcelona. ¿Qué te gusta de esta ciudad?
--Vengo mucho aquí a trabajar, y en este sentido me gusta porque me da trabajo. Creo que es de bien nacidos ser agradecidos, y por eso estoy muy contento con Barcelona y su gente porque vengo aquí, me tratan fenomenal, me acogen bien... En fin, creo que es una ciudad preciosa, que ha evolucionado muy bien sobre todo hacia el exterior y que se ha convertido en un referente. Por supuesto, me quedo mucho antes con la gente que con su clase política.
--Después de estar en Barcelona, donde acaba la obra, ¿qué proyectos tienes para el futuro?
--Tras tres años y medio con esta función creo que cumplo un ciclo afortunadísimo. Voy a guardar los decorados y la ropa, porque es posible que esta función dentro de unos años haya que rescatarla. Realmente, se trata de una comedia divertidísima, dudo que haga otra en la que la gente se ría tanto. Pero bueno, hay que seguir, y me apetece hacer otras cosas también. Mi próximo proyecto es una función muy bonita, una comedia francesa que es un clásico de los últimos 30 años. Es 'La cena de los idiotas', de Francis Webber. Y en eso estoy...
--Ya para acabar, no es que tenga intención de jubilarle pero... ¿Hasta cuando te ves en un escenario?
--No lo sé. Es una pregunta que a veces me hago y me respondo muchas tonterías. Entonces, prefiero dejarlo para más adelante. Me gusta tanto mi trabajo, estoy tan enamorado y tengo tanta vocación que a veces me digo, cinco años más y me retiro. Pienso, tendré 60 años, una edad estupenda, jugaré al golf y practicaré otros deportes que me encantan... Pero luego digo: ¿todos los días jugando al golf? No lo sé, seguramente me quedaré ya en el teatro, que es lo que más me llena, y también es posible que en un tiempo deje de trabajar con tanta intensidad. Pero retirarme, es difícil poner una fecha.