Barcelona y Madrid, grandeza y ocaso de un adelantado a su tiempo
Dos momentos que resumen una vida
21/04/2010
17:34
X. Prera.- Juan Antonio Samaranch fue en vida muchas cosas. Deportista, gestor avanzado a su tiempo, hombre clave para la revolución en el deporte español. Siempre ligado al deporte, hubo dos momentos cumbre en su carrera.
Uno, el 17 de octubre de 1982, en Lausana, desde donde presidió del Comité Olímpico Internacional. Aquella tarde, con Barcelona, Cataluña y España en vilo, Samaranch pronunció, hierático, unas palabras que ni él, un avanzado a su tiempo, sabía lo que iban a suponer.
“A la ville de… Barcelona”. No son pocos los historiadores que aseguran que con aquellos juegos, que él cerró con su también histórica frase –“han sido, sin duda, las mejores olimpiadas de la historia”-, se cerró también la Transición en un país que se abría al mundo tras años de miserias.
Desde entonces, la evolución del deporte español es innegable. Nadal, Gasol, Xavi o Alonso deben mucho a Samaranch, seguramente más de lo que ellos piensan. La conversión del deporte en negocio, lo que ha permitido convertirlo, con beneficios y defectos, en el mayor fenómeno global, fue en parte culpa suya.
El adiós, en Copenhaguen
Si Lausana y Barcelona fueron su consolidación, su ocaso fue constatable en Copenhaguen. Allí, en un inglés perfecto y en el último acto de servicio, pidió a sus “colegas” un último favor, puesto que, como reconoció, “no me queda mucho”.
Pidió unos segundos JJOO para su país, algo que al final no ocurrió. Pero ahí quedó su frase, innecesaria tras una trayectoria olímpica impecable, como símbolo de compromiso.