"En el Madrid se crean dudas que no existen en el campo"
José Antonio Camacho, en entrevista a El País
Que razón tenía José Antonio Camacho en una entrevista publicada este domingo en El País. El de Cieza fue víctima de esas dudas y no llegó a sentarse en el banquillo local del Bernabeu en la primera etapa de Florentino Pérez.
El Madrid es un equipo épico en mayúsculas. La incertidumbre, ese estado que inhabilita a la mayoría aplastante de los humanos, hace brotar en el Bernabeu un clima especial que suele preceder a los goles in extremis, las remontadas imposibles, los títulos más recordados.
El partido contra el Osasuna fue una demostración más. Seguramente no será la última esta temporada. Los ingredientes de las noches locas suelen parecerse. Dudas iniciales, gol del equipo contrario para que no parezca fácil, reacción temprana pero no definitiva, golpe del rival aparentemente fulminante y éxtasis local, ahora sí, sin capacidad de reacción para la víctima.
Es en la anarquía donde el Madrid está cómodo. En la imperfección, en conceder dos ocasiones después de remontar y a segundos del final. En confiar en sus mejores hombres. A diferencia del Barça, todo estilo y harmonía, en el que su entrenador es capaz de cambiar al futbolista más caro de la historia en la vuelta de las semifinales de la Champions League necesitando el gol. Eso es impensable en Chamartín, que celebra los goles de Cristiano Ronaldo –su Homero particular recitando épica en ausencia de rapsodas locales- como si fuera lo último que han de hacer, como si la vida de los aficionados acabara en las bocas del estadio.
Pero -¡ay!- este Madrid indomable se ha topado con un hueso. Con un equipo que, a esas historias audaces de la Antigua Grecia le añade una música dulce, armónica, tocada por la lira de alguna divinidad helena de belleza indescriptible. Es el Barça de Xavi y de un Guardiola al que algunos hemos visto un poco fatigado últimamente pero que parece que aún tiene mucho que ofrecer. Un Barça cuyo trirreme ha naufragado en Europa pero que, salvados las mujeres, los niños y los muebles, quiere seguir remando en un bote en el que caben los justos. Después de unos días difíciles, ya ven la orilla.