Hijos de la utopía
Fútbol es fútbol
Xavier Prera
20/06/2010
22:36
En un bar cualquiera de no importa qué ciudad española, dos jóvenes veían el debut de España frente a Suiza. Distendidos, comentaban que las tiendas de electrodomésticos que regalaban televisiones si España ganaba el Mundial quizá perdían dinero este año.
A su lado, un hombre de entre 45 y 50 años se acababa el vino y pedía más. Sus pestañas se movían rápidamente, nervioso como estaba. Al final, el tiempo le dio la razón. España perdió.
Eran dos generaciones distintas, viendo el mismo partido de diferente manera. El hombre del vino ha vivido de desgracias y ha montado castillos de ilusión en cada Mundial sobre naipes que caían al primer soplo de viento. En esta ocasión no quiere hacerse ilusiones.
Los dos jóvenes eran bebés cuando Tassotti le partió la nariz a Luis Enrique. Del Mundial de España, en el que la selección no pudo ganar ningún partido en la segunda ronda y se quedó a las puertas de la semifinal dando la sensación de que estaba a años luz de los grandes, ni hablar.
Los jóvenes de hoy en día, entre los que se cuentan la mayoría de futbolistas de la selección, son hijos de todos aquellos dramas que han marcado la historia del fútbol español. Son hijos de la utopía. Y ello, como también pasa en política y en otros ámbitos de la sociedad, permite que lo que años atrás parecía imposible sea no sólo una opción real sino aparentemente fácil.
Para ellos, la mayoría de estos recuerdos no son más que historias de sus pesados padres acomplejados. Ellos forman parte de una generación que ha de procesar tanta información que el pasado reciente forma parte del neandertal. Viven al día, en algunos casos al máximo, y sus sueldos les permiten estar muy lejos de las preocupaciones del resto.
Para ellos, España no es ni un Estado centralista opresor ni la gran patria por la que morir. Es un medio para ser más grandes de lo que ya son. Eso, que es legítimamente censurable desde mentalidades comprometidas, es un arma a su favor cuando la pelota corre. La maleta de los recuerdos y los fracasos, que pesaba tanto y tanto en el pasado, va vacía. España tiene muchísimas opciones.