Estupideces
Xavier Prera
03/10/2010
23:03
Me resulta triste recurrir al viejo tópico que viene a decir que el fútbol, como todo en la vida, no deja de ser un estado de ánimo. Durante dos años hemos llegado a pensar que la máxima formaba parte de un libro acabado. Que cuando Guardiola inició su 'best seller' olvidó este capítulo. Y eso, en un club donde se suele decir que pasa una mosca y desestabiliza, es mucho.
El barcelonismo llegó a creer, por días, que incluso podía generar estados de ánimo y que estos podían ser decisivos no sólo para ir a trabajar con una sonrisa sino para empujar la pelota que no quería entrar. Hablamos de la semana previa a la vuelta de la Champions League contra el Inter.
En cambio, este inicio de temporada al Barça parece que le afectan demasiado los estados de ánimos. Después de dos años en que sólo se cuestionaban los excesos del Presidente -ya los pagará en la asamblea, y quizás le cueste una carrera política-, la venta de Ibrahimovic ha hecho a Guardiola vulnerable. Muy pocos, sólo los más atrevidos, se han atrevido a criticarle, pero se ha generado un 'run-run' peligroso que el entrenador, quien sabe si por miopía o por exceso de confianza, no ha parado.
Y no es sólo que se pueda dudar de la idoneidad económica de la venta de Zlatan -no yo- sino que, de alguna manera, Guardiola se ha humanizado. Una operación que debía ser un bálsamo para el vestuario se está convirtiendo de rebote en la demostración de que el 'Super héroe' de Santpedor también puede cometer errores.
Esta obviedad puede marcar la temporada del Barça. De cómo el entrenador y el equipo encajan la bajada al mundo -¿hay que decir barro?- de los mortales dependerán los resultados finales. Lo que ha pasado hasta ahora no es preocupante si se sacan las conclusiones idóneas. No creo que haya faltado actitud, y jugadores y preparador han sabido reinventarse en otras ocasiones cuando la estrategia ha dado síntomas de agotamiento. La prueba la encontramos de nuevo con Ibra. Cuando el sueco se lesionó el año pasado, la reconversión de Messi en falso punta dio un nuevo impulso al equipo.
Se trata de hacer lo mismo, concienciándose de que las ligas de 100 puntos son una excepción. Ya lo hemos dicho otras veces, los números uno pasan por un momento en que parecen invencibles y, con el tiempo, el acomodo y la mejora de los rivales, se humanizan. Es el momento de mirarse las piernas y comprobar que sí, que tienen dos, como el resto. Y recordar que no se ganaba porque el resto en tuviera una, sino porque las propias funcionaban más rápido y mejor. ¿Parece estúpido, no?