La militancia socialista no tolera bien las imposiciones
Jéssica Fillol
05/10/2010
13:07
Ni Tomás Gómez ha inventado la disidencia, ni el PSM acaba de descubrir las primarias. Si de algo puede sacar pecho el partido socialista es precisamente de haber implantado unos mecanismos de democracia interna como no se conocen en la mayor parte de los partidos políticos españoles, y que funcionan mucho mejor para quitarse de encima líderes fracasados que para escoger potenciales ganadores electorales.
El PSOE ha sufrido la sacudida interna de diversos procesos de primarias en las últimas décadas, sean a nivel local, federal o nacional, y de todos se ha salido sin que la organización se rompiera a pesar de la diferencia interna de opiniones entre los militantes. En Catalunya aún se recuerda con media sonrisa cuando en 1997 José Borrell hizo frente al "aparato" del partido presentando su candidatura a la Presidencia del Gobierno en abierta oposición a Joaquín Almunia, la persona designada por Felipe González y su ejecutiva . Borrell ganó aquellas elecciones primarias, aunque se vio obligado a presentar su dimisión meses más tarde.
Tras la sonada derrota electoral del 2000 y la consecuente dimisión de Almunia, el mismo Rodríguez Zapatero, entonces un semi-desconocido diputado por León, fue elegido en un proceso de primarias por delante del candidato más oficialista, José Bono.
En vista de los antecedentes, no es ninguna novedad para la militancia socialista rechazar las imposiciones cuando se le presenta la oportunidad de decidir entre elegir o acatar. Y la designación de candidato del PSOE a las autonómicas madrileñas ha tenido desde el primer momento (intento de forzar la dimisión del secretario general de la federación, filtración interesada de encuestas favorables a la candidata del Presidente, apoyo unánime en medios de comunicación por parte de la plana mayor socialista, envío masivo de SMS con conclusiones favorables a uno de los candidatos, etc.) un sesgo de imposición que no gusta nada al militante de base. El resultado de las primarias en el PSM evidencia este rechazo. Rechazo a la imposición, porque tanto aparato es Trinidad Giménez como Tomás Gómez.
¿Es la derrota de la candidata de Moncloa el inicio del post-zapaterismo? No, el declive de Zapatero es, de hecho, previo a las propias primarias. Una mirada por encima a los procesos mencionados y nos daremos cuenta rápidamente que todos tienen una característica común: la militancia cuestiona a líderes débiles. Si el PSOE de Zapatero no estuviera en las encuestas a más de 10 puntos de distancia del principal partido de la oposición, nadie hubiera cuestionado la decisión del líder, porque nadie planta cara a quien tiene el poder y, por tanto, la facultad de repartir cargos. Basta recordar que hace tres años fue el propio Rodríguez Zapatero quien encargó al entonces alcalde de Parla, Tomás Gómez, que se hiciera cargo de la federación más disfuncional del PSOE.
Pero la continuidad de ZP ya hace meses que no se ve clara, los medios de comunicación llevan anticipando / pidiendo / deseando la sucesión cerca de un año, y lo único que mantiene vivo a Zapatero es que todavía le saca puntos de valoración a Mariano Rajoy en las encuestas del CIS. Insuficiente para ganar unas elecciones generales y, como se ha visto, tampoco unas primarias dentro del propio partido.