La movida entre Laporta, Solidaritat Catalana per la Independencia (SI) y Esquerra Republicana de Catalunya es sin duda una de las noticias políticas más comentadas de los últimos días. No seré yo quien se extrañe de nada de lo que Laporta pueda hacer, sabido como es que mi opinión del individuo es peor que mala, y que considero que hará cualquier cosa que piense que redunda en su propio beneficio, sin importarle los costes y quién los sufra (quizás ahora su cuenta de twitter pasará de ser @JoanLaportaSI a ser @JoanLaportaNO, o incluso podría crear un @JoanLaportaERC, y usarlos de forma alternativa en función de los intereses).
Creo que SI sale reforzada por partida doble: se deshace del elemento en cuestión (cosa que por otro lado creo que ya llevaban en la cabeza desde el principio, a la espera de la oportunidad adecuada, una vez cumplidos los objetivos) y dan muestra de no ser unos ganas que van a buscar el pacto a cualquier precio. ¿Y Esquerra? Ellos sabrán dónde se meten, yo creo que se equivocan y que a la larga pagarán las consecuencias, aunque su imagen está ya tan deteriorada que no será fácil empeorarla, pero Portabella ya demostró hace cuatro años que es capaz de todo por conservar la silla (en esto no es tan diferente del otro), y mientras los suyos le permitan buscará este objetivo, aunque sea al precio de introducir a Laporta en su lista, en busca de los votos que la popularidad de éste pueda aportar.
Ya sé que debajo de todo esto está aquella teoría que no poca gente defiende de que todos los partidos independentistas se presentará unidos. Yo creo que eso es menospreciar el objetivo de las elecciones y, en consecuencia, al electorado. Porque dentro de poco más de un par de meses lo que tenemos que elegir no es la independencia, es quien gobernará nuestros ayuntamientos o, dicho de otro modo, cómo se distribuirán los recortados presupuestos municipales. Y quien gobierne decidirá si se apuesta por ciudades sostenibles o no, si se prioriza el transporte público o el vehículo privado, cuanto se destina a educación, cuanto a seguridad, cuanto a limpieza, cuanto a servicios sociales, etc. No decidirán ninguna independencia, no, decidirán cuestiones tan sencillas, pero tan importantes y de tanta influencia en la vida de los ciudadanos, como las mencionadas.
No es ni mucho menos una cuestión menor, y sinceramente dudo que todos los independentistas de este país, sean pocos o muchos, tengan la misma postura en estas materias, porque por mucho que algunos nieguen la existencia de derecha e izquierda (y el nombre tanto es, podemos decir azules y rojos) que esta diferencia existe es fácilmente comprobable estudiando las soluciones que se proponen para los diversos problemas, o qué gastos y qué ingresos se recortan. En otras palabras, no hay una solución independentista para el tráfico en las grandes ciudades, ni para los problemas medioambientales. De independentistas hay de derechas, hay de izquierdas y hay de centro, si van todos mezclados, qué harán cuando haya que tomar una decisión respecto a la cual tengan opciones opuestas: ¿tirar una moneda al aire? ¿Darán una de cal y otra de arena? ¿Se abstendrán? Reitero, sin una mínima coherencia en materias como las comentadas, no veo de qué serviría este voto.
Y es que, creer que la única opción del independentismo es ir todos juntos, como si no existiera en el mundo nada más que independencia o no (y ya sé que para algunos es así), no es sino un reconocimiento explícito de la propia debilidad. El independentismo será mayor de edad cuando en unas elecciones puedan concurrir partidos independentistas de diversas tendencias y puedan todos ellos obtener una representación que vaya más allá de unas cifras simbólicas. Y después, ya pactarán entre ellos o con quien sea cuándo y cómo convenga.
Porque esta coalición electoral es tan contra natura como lo sería, por ejemplo, una coalición PSC-PPC, a pesar de ser partidos no independentistas. Nadie ni dentro del PSC ni en el PPC lo entendería ni lo admitiría, hay demasiadas diferencias en temas demasiado importantes. Y como seguramente alguien tendrá la tentación de mirar hacia Euskadi, ya se lo puede ahorrar: allí no se hizo una coalición preelectoral, sino un pacto después de tener el resultado, este pacto no es de un gobierno de coalición, sino de un gobierno de un partido con apoyos concretos del otro y, finalmente, pero lo más importante, afortunadamente Catalunya no es Euskadi, al menos, y que yo sepa, aquí nadie se ha planteado seriamente asesinar al Presidente de la Generalitat.
Creo que todos y todas debemos tener claro qué es lo que votaremos el próximo 22 de mayo, de lo que se trata es de elegir quién gobernará mejor nuestros pueblos y ciudades. El resto son romances.