Yo, que me he criado entre gente refinada, no soporto las histerias masculinas. Así que es oír a Salvador Sostres y se me erizan los pelos del lomo y me sale explicar sus miserias para solaz del personal, oigan.
Este hombre es el ejemplo perfecto de zángano. Llega a la universidad para estudiar periodismo, pero no es que no pase del primer curso, es que ni tan solo llega a él. Un ratolín me ha dicho que incluso aprobó una asignatura de dicho curso, lo que demostraría la segunda acepción de zángano -persona tonta y torpe- . Acepciones que, en este caso, puede ejercer a la perfección, puesto que no tiene que vivir de su trabajo al poderse columpiar en la fortuna de la familia. Fortuna que dicen inició la abuela desde unos puestos en el Mercado de la Boqueria. Y es que su abuela ha jugado un papel crucial en la vida profesional de este zángano. En los medios se la conoce como la “abuela salmón” porque, dicen los ratolines de la zona alta de Barcelona -los mejor alimentados de la ciudad-, que el salmón era el obsequio que recibían quienes aceptaban tener al zángano en sus redacciones. Algo que él intenta olvidar y que nadie recuerde. Y eso que es a fuerza de salmón que el zángano encontró su misión en la vida. Dedicarse a emitir “boutades”. Primero al servicio de la televisión basura, luego al servicio de todos los sectores del espectro político. Comenzó por el socialismo catalán siguió con el anticatalanismo montaraz y recaló en los sectores de la derecha nacionalista con toques independentistas e incluso con requiebros peperos. Pero estos mismos sectores de la derecha que le han reído las barbaridades como si fueran gracias y utilizado para decir aquellas cosas que piensan pero no queda políticamente correcto decirlas, andan a veces pensando que el salmón, pese a ser tan recomendable, puede llegar a ser indigesto sobre todo cuando se remoja en alcohol y se descontrola hasta límites que acaban resultando un boomerang para sus intereses políticos. Me dicen –no desvelaré de dónde son estos ratolines- que cada cierto tiempo David Madí anda preocupado por donde reubicar al vástago salmón. Yo creo que quien se debería preocupar es el propio zángano, porque la fortuna familiar ya no es lo que era; dicen que metieron demasiadas delicatessen en demasiadas cestas y que incluso han tenido problemillas sindicales, porque han despedido personal.
Claro que el zángano salmón está tan imbuido de su personaje que hace tiempo que se perdió en él, de forma que incluso anda convencido de que puede gustar y seducir a las mujeres, olvidando no tan solo su aspecto, sino que ha hecho de la misoginia una de las principales marcas del personaje.
Y les dejo, que tanto hablar de salmón y manjares me ha entrado hambre, y me acabo de acordar de la lata de brandada de bacalao que el gallego guarda escondida en un armario de la despensa. Cuando la busque no la encontrará...
Miauuuuuuuu