Costa Cruceros es una marca muy conocida en el mundo de los cruceros que acaba de lanzar su prestigio por la borda con el naufragio del Costa Concordia. La forma de comportarse de quienes debieran de ser los primeros en preocuparse por la seguridad de los pasajeros, según han descrito las víctimas de este desastre, ha sido sencillamente delictiva. El que hayan sido los tripulantes filipinos, hindúes o pakistaníes, que se suelen ocupar de las tareas de limpieza y arreglo de los camarotes, los que ayudaran a los viajeros a salvarse, mientras el capitán abandonaba el barco en medio de un caos vergonzoso, hace subir la indignación de la gente que ha padecido las consecuencias del suceso y todos los que nos vamos enterando de los detalles del mismo. La masificación de este tipo de barcos que cruzan el Mediterráneo de un extremo al otro, nos ha hecho olvidar la inseguridad que estas moles gigantescas pueden encerrar, en unas travesías que teóricamente son seguras, pero que cualquier error humano puede convertir en un viaje de pesadilla. Aclárese sin demora lo que ha pasado. Castíguese con contundencia a los responsables y cuestiónese, si procede, la licencia de navegación a la compañía que acaba de perjudicar de forma tan grave a este floreciente sector, que había convertido el puerto de Barcelona en un punto de partida muy demandado y un puerto seguro al que debía haber llegado sin problemas el Costa Concordia, si quienes tenían la obligación de llevarlo por la ruta asignada hubieran cumplido con su trabajo de una forma eficiente y profesional.
Manuel Fernando González
Director y Editor
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