Señoras mías, me dirijo a Vds. para que sepan “de una vez por todas” que si la Seguridad Social les ha operado de sus tetas, ahora llamadas finamente en un anuncio de sujetadores ‘copas’, y les ha dejado dentro unos implantes de la francesa PIP, deben Vds. quitárselos inmediatamente, aunque les vendan el camelo de que “mientras no se rompan, no pasa nada”, porque, si eso sucede, Dios no lo quiera, el riesgo para su salud es muy gordo y también porque “quien autorizó su uso en los quirófanos públicos” es responsable directo de las consecuencias de su firma en el papel oficial de compra. Por si les quedara alguna duda, pregúnteselo a su abogado, que les dirá el cómo y dónde hay que presentar la demanda correspondiente. Dicho lo cual, si lo que les ha pasado es que, queridas amigas, Vds. han querido mejorar su figura por motivos puramente estéticos en una clínica privada, y les han puesto estas “mierdas”, háganse un favor a sí mismas y quítenselas de encima si su presupuesto personal se lo permite, sino, pidan un crédito y hablen con su cirujano de confianza. Nunca un refrán popular tuvo más sentido como ahora. “Lo barato sale caro” decían nuestras abuelas cuando compraban las telas a medida para hacerse los vestidos, o cogían “la carrilana”, hoy llamada autocar, para viajar a la capital para que les viera “el especialista”, que entonces costaba media vaca o tres terneros bien cebados, y te miraba a conciencia. Vivimos unos tiempos en que tenemos tanta prisa que, muchas veces, no somos capaces de reflexionar con sentido común las decisiones que tomamos, dando mucho valor a nuestra imagen física y poco a la ética con la que andamos por la vida. Una moralidad que también es imprescindible exigirle a quienes firman en una oficina siniestra el plácet a los medicamentos o, en este caso, a los implantes que por motivos terapéuticos se les ponen a nuestras mujeres en los quirófanos de la Seguridad Social. Moralidad que nuestros gobernantes tratan de camuflar con mensajes presupuestarios indecentes y, lo que es peor, mintiendo descaradamente, porque saben que su metedura de pata va a costar muchos cientos de millones de euros del erario público.
Pasen un buen fin de semana y si les gusta el buen vino, prueben una copita del Mencia que cosechan en la Ribera Sacra o en el Bierzo Leonés. Está buenísimo. ¡A su salud!
Miuuuuuuuuu!