La Presidenta de Argentina se ha puesto el mundo por montera y acogiéndose al dato de que su país, con las reservas naturales de las que dispone, ha importado gas y petróleo desde que se privatizó YPF, ha decidido nacionalizar la filial argentina de REPSOL, dejando al Gobierno Rajoy en paños menores y al Ministro Soria, que había dicho este fin de semana que veía el acuerdo posible, en el ridículo más espantoso. Ayer mismo, los diarios españoles publicaban la noticia de la intervención de Obama ante la viuda de Kirchner, a la que había amenazado con una denuncia en toda regla si se atrevía a dar el paso que ahora ha dado. Pues bien, ya ha sucedido. ¿Y ahora qué? De momento, en Argentina sólo fervor patriótico y cabreo de la otra parte, que ahora ve que el siguiente paso va a ser meterle mano a la filial de Endesa, antes o después de que llegue a Buenos Aires una delegación de la Unión Europea que viene avalada por la llamada telefónica que Durao Barroso hizo este fin de semana a la iracunda Presidenta, que no quiso ponerse al aparato dejándole ese papel a uno de sus más directos colaboradores, lo cual nos indica a las claras que los británicos van a disponer en el contencioso de las Malvinas de mucho más apoyo europeo del que pensaban.