La degradación de las relaciones laborales
Josep M. Álvarez
30/06/2012
12:47
Sabíamos que la reforma laboral de 2010 y luego la del 2012 no servirían para afrontar la crisis económica y generar empleo. Sabíamos que, al contrario, producirían un triple efecto: facilitar brutalmente el despido de trabajadores ampliando de forma insensata las causas objetivas; abaratar las indemnizaciones, colocándose en el umbral de la gratuidad, y romper de forma radical con la razón de ser del derecho laboral, que se basaba en la protección de la parte que entiende que es la débil, el trabajador. Todo esto ya lo sabíamos y nos hemos cansado de explicarlo, como hemos explicado también que era mentira cuando se afirmaba que el mercado de trabajo español sufría de una rigidez tal que disuadía a los empresarios de contratar personas. Que sólo desde el oportunismo miope o la mala fe, también miope, se podía defender que estas reformas laborales eran necesarias para afrontar los cambios estructurales que harían nuestra economía más productiva y competitiva. El tiempo, poco tiempo por cierto, se ha encargado de confirmar lo que decíamos los sindicatos y algún economista que no se ha dejado atrapar por el mantra del pensamiento único. Las reformas laborales, y en especial la de 2010, representan la aprobación por decreto de la impunidad a las empresas, el desequilibrio, la desconfianza y el conflicto permanente. ¿O se piensan que la gente se quedará quieta? Quizás hasta ahora sí, el miedo no deja de ser un gran aliado de los poderosos que nos hacen creer que si no nos movemos, si nos resignamos todo irá bien y quizás nos entregamos de la tragedia. Pero este país está llegando a unos extremos de degradación en las relaciones laborales que nos aboca al endurecimiento del conflicto. Este viernes por la mañana he participado en la concentración de los trabajadores y las trabajadoras de Grupo Prisa, Cadena SER y ONA FM. Gente que cualquiera calificaría de más que razonables. Y lo que capté entre ellos es un sentimiento de decepción, desconfianza e indignación. Sólo hace dos meses que habían llegado a un acuerdo sobre un ERE para el despido de más de 200 trabajadores en toda España. Un acuerdo que bloqueaba cualquier nuevo despido hasta abril de 2013. Pues para la dirección, este acuerdo ya es papel mojado, porque plantea otra oleada de despidos y bajada salarial. De eso hablo cuando afirmo que las relaciones laborales en España se deteriorarán hasta límites desconocidos si no somos capaces de generar un cambio. Si no somos capaces de reconstruir lo que las reformas han hundido. No será fácil, lo sabemos. Pero no nos queda otra que seguir luchando, no resignarnos. Pero debemos hacerlo unidos y de forma solidaria. Nos estamos jugando demasiado.
Josep M. Álvarez
Secretario general de la UGT de Cataluña