Movimientos previstos
ROBERT PASTOR
09/08/2012
12:42
Los últimos días hemos asistido a nuevos movimientos relativos al País Vasco previstos para más o menos analistas. Hoy, por primera vez, el cargo institucional de mayor nivel dentro de la coalición radical Bildu, el diputado general de Guiopúscoa Martín Garitano, ha marcado un nuevo hito, con la asistencia al homenaje del empresario Joxe Mari Korta, próximo al PNV, que llegó a presidir la patronal del territorio, Adegi, y víctima de un coche bomba de la organización terrorista.
La familia de Korta creó una findació, que otorga cada año los premios de su nombre a emprendedores del país y en la última edición, del 12 de junio pasado, ya asistió el mismo Garitano. No es más que un gesto, pero parecía imposible sólo hace unos meses, y parece abundar en la consolidación de una verdadera reinserción e incorporación a la vida política en parámetros de normalidad democrática de la llamada izquierda abertzale.
Otro hecho perfectamente previsible, como mínimo coherente con la política del palo frecuente y la zanahoria con cuentagotas respecto del grupo activista, por mucho que haya abandonado la violencia, ha sido la detención, en el mismo día, del supuesto militante de ETA Kemen Uranga, imputado por el asesinato del juez José María Lidón en Getxo (Vizcaya) en 2001, junto al que luego fue considerado el líder máximo de la organización y uno de los más opuestos a la fin de la "lucha armada ", arrestado hace tiempo, Mikel Garakoitz, Txeroki.
La detención se produjo en Londres, lo que viene a confirmar también el alejamiento del País Vasco, a ambos lados de la frontera, los elementos más notables de la banda que aún se mantienen libres, y supone una elevación de nivel de actividad terrorista atribuida por las autoridades españolas, sobre todo respecto de los últimos detenidos, como mínimo los dos más recientes.
Hace más de un año, tan pronto se anunció el fin de la violencia y se legalizó Bildu, que en este mismo espacio nos auguró, en un pronóstico poco o nada compartido entonces la inminencia de un proyecto de pacto político de los herederos de la izquierda radical vasca para formar gobierno autonómico con el partido socialista (PSE-PSOE) y con lo que resta de más identificable en el conjunto del Estado de Esker Batua-Izquierda Unida.
La hipótesis ha sido confirmada, estos días, por Patxi Zabaleta, presidente de Aralar, uno de los grupos componentes de la coalición EH Bildu, que en declaraciones a la cadena de radio Onda Vasca (homologable con la catalana RAC 1, en tanto que configurada por figuras de la cadena pública, cuando se formó el primer ejecutivo sin el PNV)
Recordemos que Aralar se constituyó con disidentes de la antigua Batasuna, que fueron pioneros en la condena de la violencia de ETA y que actualmente tienen cuatro representantes en el parlamento de Vitoria-Gasteiz. Zabaleta dijo, según la literalidad de la transcripción en prensa: "no descarto un pacto EH Bildu-PSE".
Una alianza de estas características parece inverosímil todavía. Sobre todo si las encuestas aciertan y en otoño, o en la primavera del próximo año en todo tardar, los más radicales superan de largo los socialistas en servidos y en escaños y, por tanto, exigen ocupar la lehendakaritza (presidencia), y ofrecer a los invitados poco más que unas pocas consejerías a cambio de asegurarse un alud de descalificaciones en los ámbitos españoles, y sobre todo en la "caverna mediática" de la capital del reino.
Hay un precedente, pero funcionó en el sentido contrario. Cuando se disolvió la ETA político-militar, el grueso de los dirigentes de la rama política, Euskadiko Ezkerra, no es que pactaron, sino que se incorporaron directamente a los socialistas vascos, configurando las siglas PSE-EE-PSOE. Y entre estos afiliados, quizá la figura más destacada fue la del condenado a muerte en el famoso proceso de Burgos de 1970, intelectual y escritor Mario Onaindia, que moriría joven.