Dresde: fuego, barroco y música

Pablo-Ignacio de Dalmases

Viajes.Federico Augusto II en Dresde
Federico Augusto II en Dresde - Pablo Ignacio de Dalmases


De la ciudad alemana de Dresde se han dicho toda suerte de elogios pero no le ha sido fácil conservar su esplendor porque ha tenido que sobreponerse a numerosas desgracias, la peor de todas el bombardeo aliado del 13 de febrero de 1945 que destruyó casi enteramente el centro de la ciudad y causó la muerte de más de 30.000 personas. Hubo que esperar a la reunificación alemana para que Dresde volviera a ser la “Florencia del Elba” y la verdad es que lo ha conseguido. 


Habida cuenta que la ciudad se extiende a derecha e izquierda del rio, nos alojamos en la primera de estas zonas, conocida como Neustadt o ciudad nueva, en el palacete de Bülow, una casona barroca tópicamente sajona, para cruzar el Elba de inmediato por el puente de Augusto e ir a Altstadt, o ciudad antigua. A mitad del puente contemplamos el skyline de la ciudad antigua en toda su grandeza, desde la nueva sinagoga construida a principios del siglo XXI para sustituir a la que destruyeron los nazis a la antigua fábrica de tabacos Yenizde, con una cúpula que parece la de un palacio otomano, mientras nos cruzamos con una estampa del pasado: una fila de coches Trabant, los antiguos utilitarios de la RDA, de muy mala calidad, pero emblemáticos de aquel tiempo de austeridad socialista, que son ahora usados como atractivo turístico para hacer visitas nostálgicas guiadas.

 

Viajes.La Frauenkirsche, enteramente reconstruida
.La Frauenkirsche, enteramente reconstruida - Pablo Ignacio de Dalmases


Si toda ciudad con historia tiene una deuda de gratitud con algún monarca magnificente, Dresde la ha contraído con el príncipe elector Federico Augusto, que vivió a caballo de los siglos XVII y XVIII, es conocido también como Augusto II el Fuerte y fue a la vez rey de Polonia. La plaza sobre la que rinde el puente de Augusto es buena prueba de ello: a nuestro frente se alza la antigua iglesia de la corte, que es la catedral católica, el castillo real, con la cámara del tesoro y la colección de medallas y monedas y el espectacular Fürstenzug, un lienzo exterior del palacio con la representación en 25.000 azulejos de porcelana de Meissen de la historia de Sajonia. 


A nuestra izquierda un paseo aterrazado sobre el Elba se levanta sobre la antigua muralla de la ciudad antigua y nos lleva al Albertinum o galería de maestros modernos y finalmente a la Frauenkirshe, la catedral luterana, destruida durante la guerra mundial y que hubo de esperar a la desaparición de la RDA para su reconstrucción. Apresuramos el paso para ir a la otra galería, la de maestros antiguos, donde se acumula la obra de Rubens, Tizianos, Rembrandt, Vermeer, Van Dick y Rafael, siendo quizá la pintura más emblemática de todas la “La Madona Sixtina”, un óleo de la Virgen recordado por los dos ángeles niños que le pintor dispuso a los pies de la Virgen.  

 

Viajes.Antiguo palacio de la cultura hoy sede de la Filarmu00f3nica de Dresde
Antiguo palacio de la cultura hoy sede de la Filarmónica de Dresde - Pablo Ignacio de Dalmases


El elector y rey Augusto II fue además un coleccionista pertinaz que logró acumular un gigantesco patrimonio en joyería, orfebrería bronces, miniaturas y toda suerte de objetos preciosos que expuso en las salas denominadas como la “bóveda verde”. El tesoro fue desvalijado por los rusos, que se lo llevaron a la URSS hasta su devolución en 1958 y poco a poco la colección ha recuperado su esplendor original y se exhibe en su integridad en el palacio de la residencia de Dresde. La visitamos apresuradamente, después de haber pasado por delante de la Filarmónica de Dresde cuyo edificio, antiguo “palacio de la cultura” de la época socialista, aún luce en su fachada un friso de dudoso valor estético denominado algo así como “La victoria de la estrella roja”. Hay que decir que la música es otro de los rasgos de la personalidad de esta ciudad que posee una orquesta estatal que es la más antigua de Europa y un teatro de ópera, el Semperoper, que ha tenido que reconstruirse dos veces y en el que Wagner estrenó “Tanhaüsser”. El barroco y la música han sido en Dresde mucho más poderosos que el fuego y las bombas.

 

 

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